El nuevo concepto de alta fidelidad del altavoz Diamond 225 de Wharfedale

Introducción

En el Reino Unido, el germen del perfeccionismo en el audio independiente lo sembró las Industrias Goodmans, fundada en 1925. Luego, en 1930, Garrard (fundada en 1722) produjo su primer gramófono comercial. Poco después, Inglaterra sufrió la Gran Depresión (Great Slump, el nombre británico para la catástrofe mundial conocida en los Estados Unidos como la Gran Depresión, Great Depression). Cerca del comienzo de esta recesión económica, en 1932, Gilbert Briggs fundó Wharfedale Wireless Works y H.J. Leak & Co. Ltd., fundada en 1934 por Harold Joseph Leak, comenzó a fabricar el primer amplificador de audio británico de “alta fidelidad”.

Pero la alta-fidelidad británica no despegó realmente hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Jim Rogers fundó su compañía de altavoces, Rogers International (1947), y Peter Walker creó la Acoustical Manufacturing Co. Ltd. También conocida como Quad (1949).

El racionamiento de gasolina y comida no terminó en el Reino Unido hasta 1954. Por lo tanto no es sorprendente que la alta fidelidad británica no floreciera plenamente hasta la primera Feria del Audio de Londres, en 1956. Este enorme espectáculo atrajo más de 24000 asistentes y se convirtió en la primera demostración británica de sonido estéreo, con la presentación del reproductor grabador Garrard 301 y un anticipo de la primera producción a nivel mundial de un altavoz electrostático: el Quad ESL.

En los Estados Unidos se había empezado a consumir alta fidelidad en 1945, con la fundación de Fisher Electronics de Avery Fisher. Paul W. Klipsch fundó su compañía de altavoces, Klipsch and Associates en 1946 en Hope, Arkansas. Industrias Brook presentó sus legendarios amplificadores Lincoln Walsh 10C y 12A en 1948. Pero, sin lugar a dudas, la alta fidelidad se dio a conocer en todo el mundo cuando Edgard Villchur y Henry Kloss establecieron Acoustic Research en 1952 en Cambridge, Massachusetts. Los primeros altavoces con “suspensión acústica” de AR (el AR1, el AR2 y el AR3) marcaron el comienzo de una nueva era de diseños atractivos y aptos para la sala de estar que cambiaron la eficiencia por la capacidad de reproducir desde una pequeña caja con bajos niveles de distorsión.

En el Reino Unido en los años 50, los altavoces de esquina de Wharfedale (con baffles rellenos de arena) y sus paneles planos SFB/3 (1956) fueron imitados con éxito por Klipsch en los Estados Unidos; pero fue el Quad ESL (1957) de Peter Walker el que llevó la alta fidelidad británica hasta el mercado global. A pesar de que el diseño electrostático original de Walker permaneció en producción hasta 1985, Gilbert Briggs vendió Wharfedale in 1958. El socio en ingeniería de Briggs, Raymond Cooke, dejó Wharfedale para fundar KEF en 1961. Desde entonces, en Reino Unido y Estados Unidos, el perfeccionismo del audio ha seguido caminos paralelos aunque distintos.

En los Estados Unidos, la alta fidelidad de posguerra empezó fabricando altavoces más pequeños (AR, Advent), pero desde que en los 80 América es América, la mentalidad popular ha tendido hacia la consigna “cuanto más grande mejor”. Los audiófilos estadounidenses ahora parece estar a favor de altavoces de suelo gigantescos, muy amortiguados, con lacados brillantes, con baja sensibilidad e impedancia, así como los enormes y potentes amplificadores para impulsarlos.

Mientras tanto, los británicos han perfeccionado un enfoque más modesto, favoreciendo los altavoces de suelo, más pequeños, más ligeros, con paredes delgadas y detalles en madera natural. El último modelo Diamond de Wharfedale, el 225, es un altavoz británico prototípico.

Descripción

Wharfedale presentó su primer modelo Diamond en 1981. Corto y robusto, casi un cubo — fue uno de los altavoces audiófilos más vendido de todos los tiempos. En comparación el nuevo altavoz Diamond 225 de Wharfedale es alto, delgado y profundo, mide 35 cm de alto, 19,5 cm de ancho y 26,16 de profundidad. Tiene un tweeter de cúpula blanda de 2,5 cm, un midwoofer con cono de Kevlar y un armazón de madera chapada de 13 decímetros cúbico de volumen. Esta caja XXXX tiene un puerto con varias ranuras de cargas que se dispara hacia abajo a través de un estrecho revelado entre el final del armazón y la base con patas de goma del Diamond. En general el altavoz Diamond 225 de Wharfedale da la impresión de ser considerablemente más caro de lo que su modesto precio sugiere.

Llamadme tonto o viejo sentimental, pero todavía tengo idealizados los viejos y buenos tiempos en que las pequeñas compañías británicas eran pequeñas compañías británicas en encantadoras fábricas de ladrillo cuyos trabajadores conducían Morris Minors, liaban tabaco y pasaban las tardes en los pubs bebiendo pintas. Pero en 2017, Wharfedale forma parte del International Audio Group (IAG), que también es propietaria de Quad, Mission, Castle y muchas otras. Hoy Wharfedale es una pequeña gran empresa que produce en casa sus propios drivers, los armazones, cables, el resto se hace en China, donde también se montan los altavoces.

Hoy en día, los productos de audio más asequibles están diseñados no por pioneros innovadores e independientes como Henry Kloss, Gilbert Briggs y Peter Walker, sino por experimentados profesionales de la industria del audio. El diseño del altavoz Diamond 225 de Wharfedale ha sido supervisado por Peter Comeau, director de diseño acústico de IAG. Antes de unirse a IAG, Comeau fue cofundador de Heybrook (1978) y fue director de ingeniería de Mission Electronics (otras dos compañías británicas con un gran historial de fabricar altavoces de calidad).

Configuración

Sus puertos proyectados hacia el suelo hacen que los altavoces Diamond 225 de Wharfedale sean fáciles de colocar en mi sala de audio (4,3 m largo, 3,6 m ancho y 3 m alto). Mientras experimentaba con las posiciones de los altavoces ajustando las alturas de los pies, escuché muy poco ruido. En mi habitación, los puntos destacables para los altavoces pequeños están a unos 70 cm de la pared delantera. Ahí fue donde los coloqué, y realicé la audición de análisis con los altavoces 225 Diamond de Wharfedale situados a 61 cm y con los pies a 66 cm. Prácticamente al principio  cambié los cables para altavoz sencillos GO-4 de AudioQuest (una par de cables que enriquece el sonido) para usar cables dobles Tipo 4 de AudioQuest. Con ambos arreglos la música fluyó fácilmente y el piano tenía un tono excelente, pero creo que el altavoz Diamond 225 de Wharfedale suena más abierto y transparente con el bicableado.

Audición con el LM-518 de Line Magnetic

Gilbert Briggs describió la reproducción del sonido de un piano acústico como la “prueba más estricta” de un altavoz. La mejor manera que conozco de llegar a conocer un altavoz nuevo es usar un amplificador conocido y reproducir grabaciones de solos de piano con los que estoy muy familiarizado y comprendo. Como los altavoces Diamond 225 de Wharfedale se relajaban y empezaban a sonar forzados, puse un disco que escucho con frecuencia: el primer lanzamiento de la Pierian Recording Society, Claude Debussy: The Composer as Pianist (CD, Pierian 0001). Este disco incluye todas las grabaciones famosas de Debussy: cuatro grabaciones acústicas con la soprano Mary Garden, hechas por la Gramophone and Typewriter Co. en Paris en 1904, y 14 grabaciones de piano en rollo hechas por M. Welte & Söhne Recording Piano Co. en Paris en 1913.

Con los altavoces Diamond 225 de Wharfedale enchufados al amplificador integrado LM-518 IA de Line Magnetic (22Wpc), el enfoque de Debussy era fácil de apreciar. Golliwog’s Cake Walk de su The Children’s Corner, mostraba unos tonos de piano muy sensuales y ricamente coloridos cuyas texturas con más cuerpo entremezcladas con cadencias sorprendentes me llegaron al corazón. La capacidad del altavoz Diamond 225 de Wharfedale  de transmitir las características esenciales pero sutiles del arte de Debussy fue  realmente muy  impresionante para un altavoz en su rango de precio.

Se trata de una producción exquisitamente grabada. Cada trocito del poético movimiento de dedos y la expresión del suave pedal capturada en los rollos de papel de Welte-Mignon ha sido “reanimada” en una reproducción de piano cuidadosamente restaurada por Feurich-Welte en 1923 y grabado con un par de micrófonos estéreo vintage KM 83 de Neumann. A través de los altavoces Diamond 225 de Wharfedale, el sonido del piano de Debussy es más grande de lo que esperaba, sólido y tangible y sorprendentemente tridimensional. Para mi placer, y me quito el sombrero ante Wharfedale, disfruté de los martillos de madera, las cuerdas metálicas y algunos pequeños detalles de la caja de resonancia del piano.

Audición con el J2 de First Watt

Olvidemos los paseos acaramelados y el frufrú del modernismo parisino, volvamos ahora a nuestra época adolescente con la máquina de trash que llamamos Metallica. Si no puedes poner su impresionante álbum de 1986, Master of Puppets (CD, Elektra 60439-2), lo siento mucho por ti. Las guitarras de Metallica y los ritmos brutales nunca fallan para dejarme sin aliento.

Quería descubrir si los 25 watios del J2 de First Watt, diseñado por Nelson Pass de Pass Labs serían suficientemente poderosos para hacer que yo, Metallica y a los altavoces Diamond 225 de Wharfedale saltar, hacer mosh y alucinar a través de las densas vibraciones del aire. Estos pequeños altavoces le pusieron las pilas a este viejo de una manera increíble. Me puse en pie, me sentí tan libre como cuando tenía 23. Con facilidad llenaron mi pequeña habitación con un nivel medio de 89dB y picos de 96dB. Nada de bazofia comprimida. Sin distorsiones.

Audición con el Sphinx de Rogue Audio

Me conocéis: creo que, de manera obvia o sutil, un producto expresa la naturaleza íntima con la que está fabricado. Un día, con el Sphinx de Rogue, me di cuenta de que podía escuchar la naturaleza ligeramente inorgánica del Kevlar de los conos del midwoofer de Diamond (para mis oídos, todos los altavoces suenan de la misma forma que los materiales de su cono, magneto y armazón). La calidad del Kevlar de Wharfedale se nota más con los timbales y las cuerdas. Se nota menos con el jazz, el zydeco y el blues. El efecto del que hablo es minúsculo; he tenido que acercarme muchísimo para oírlo.

No necesito sintetizadores, órganos o Fenders de cuatro cuerdas para darme cuenta de cómo suenan los graves de un altavoz. Solo necesito 100 W de Clase-D y a Pepe Romero tocando su cautivadora interpretación de Bajando de la meseta de Joaquín Rodrigo en su guitarra Miguel Rodríguez (LP, Philips 9500 915). El grado al cual los altavoces pueden reproducir la fisicalidad de una guitarra es normalmente un buen indicador de su resolución y control temporal. La belleza y la verdad del sonido de cualquier altavoz está sujeta a las cuatro octavas de rango medio desde 80 a 1280Hz, y el esplendor de esas cuatro octavas depende por completo de la magia del diseño del altavoz. El encuentro de Romero, Rodrigo y los altavoces Diamond 225 de Wharfedale fue más que reveladora. Fue magnífico. Esta hermosa grabación de Phillips me mostró la verdadera naturaleza del Wharfedale.

Sentía la guitarra de Romero en mi pecho. Podía sentir la superficie de la tapa armónica, donde el cuello del instrumento se superpone y se conecta con el cuerpo. Intenté escuchar el hueco del sonido pero no pude. Entonces se volvió espeluznante. De repente, comprendí lo buenos que son realmente los altavoces Diamond 225 de Wharfedale: sentado en mi sofá, prácticamente podía ver el micrófono, aproximadamente 22 pulgadas del aire que palpita de la superficie del soundboard. El Sphinx de Rogue y los altavoces Diamond 225 de Wharfedale estaban haciéndolo todo a la perfección. El grave era claro, a pesar de una notable suavidad por debajo de 120Hz. Los tempos de Romero eran evidentes y agradablemente embriagadores. Justo aquí es donde mi ADN de crítico de audio cambió y caí locamente enamorado de los altavoces Diamond 225 de Wharfedale. Mi experiencia con esta excelente grabación fue totalmente impresionante. Mis apuntes sobre la audición decían, “¿qué? ¿cómo puede ser?”

Escuchando a Kane en el Schiit Ragnarok

No me gusta que el audio de gama de alta suene como audio de gama alta. ¿Cómo suena el audio de gama alta? Suena como información grabada que me echasen a la cara con un detalle que suena falso, de bajo relieve y una tridimensionalidad exagerada. Los espacios “negros” realmente son grises, pero de una manera extrañamente imperceptible. Para mí, la dureza representa la distorsión, como hace la opacidad. Un mal audio de gama alta suena claramente inorgánico, como si hubieran drenado todo lo vital y mamífero.

Impulsado por los altavoces Diamond 225 de Wharfedale, el Ragnarok de Schiit Audio suena suave, agudo (pero no demasiado agudo), y líquido. Reprodujo las grandes composiciones para orquesta, como Welles Raises Kane de Bernard Herrmann, con el compositor dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Londres (LP, Unicorn UN1-72008), con los sonidos más flexibles, no hi-fi, ni mecánicos imaginables. Herrmann llamó a esta suite de cinco movimientos y 15 minutos de duración “una travesura musical… un retrato de Orson Welles en la época en que creó sus películas Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento”. Presenta una mezcla orquestal temible que escora a través de una docena de géneros musicales.

El combo Schiit-Wharfedale reproduce esta dinámica grabación muy bien, excepto cuando los timbales y los platillos gigantes golpean fuerte en el clímax. Cuando alcanza el pico en los 98dB los timbales sonaban opacos, comprimidos y distorsionados. El Ragnarok puede ponerse a 100Wpc a los 8 ohms, así que dudo que se quede corto. Después de fracasar durante la obertura Welles Raises Kane, los altavoces Diamond 225 de Wharfedale siguieron reproduciendo dulce y cautivadoramente hasta llegar al Finale—Pursuit and Happiness. No puedo creer que me olvidara de que los altavoces pequeños como los altavoces Diamond 225 de Wharfedale  suenan mejor en las habitaciones pequeñas cuando la música suena a un nivel moderado (me atrevería a decir que cualquier cosa que sobrepase los 90dB probablemente presentará alguna distorsión). En general, sin embargo, el Ragnarok y el Diamond sonaban agradablemente limpios, así que bajé el volumen y probé con otras grandes obras orquestales.

Como admirador desde hace mucho tiempo de Martha Argerich, Dietrich Fischer-Dieskau y Claudio Abbado, siempre colecciono y uso sus grabaciones DG para probar los sistemas musicales. Cualquier sistema que haga que los discos DG suenen duros, opacos o menos que encantadores, no es para mí. Así que me alegré cuando los pequeños altavoces reprodujeron con un tono excelente y una sorprendente claridad la grabación del Concierto para piano 1 y 2 de Bartók, con Maurizio Pollini como solista y Claudio Abbado dirigiendo a la Sinfónica de Chicago (LP, Deutsche Grammophon 2530 901). El piano y la percusión eran bastante fuertes y estaban muy presentes en estos pequeños altavoces, y el espacio que ocupaba el sonido de la orquesta era notablemente profundo. El teclado de Pollini es normalmente poco expresivo para mi gusto, pero realmente en este caso sube las revoluciones emotivamente para dar peso a esta provocadora obra y clavarla. ¡Bravo, Mauricio! ¡Bravo, Claudio! ¡Bravo, Wharfedale!

Conclusiones

Olvidemos el módico precio del Diamond. Esta humilde caja de madera es en realidad un componente de audio de nivel superior. Podría satisfacer a cualquier coleccionista de música durante décadas. Me gusta más la forma en que el altavoz Diamond 225 de Wharfedale reproduce la música que la del Debut B6 de Elac. El Elac es muy bueno, y hace muchas cosas, incluyendo el entorno acústico y la resolución, mejor que los Diamond. Pero el altavoz Diamond 225 de Wharfedale reproduce música con más encanto y pasión que el Debut B6. El Wharfedale parece más conmovedor y distendido.

Cuando empecé a escucharlo, estaba impresionado de lo fluido y natural del sonido del altavoz Diamond 225 de Wharfedale. Luego pensé que el cono de Kevlar era demasiado audible. Luego, mientras reproducía a Pepe Romero en las composiciones de Rodrigo para solo de guitarra, era como si los altavoces se hubieran acercado a mi y me hubieran besado. Y luego, cuando puse los conciertos para piano de Bartók, me recosté, sonreí y dejé escapar el aliento. Desde entonces he estado sonriendo así y soñando desde entonces. Muy recomendado.

Este artículo ha sido traducido y adaptado por el equipo de Audio y Cine. Puede leer el original en este enlace.

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Altavoz Diamond 225 de Wharfedale
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